Quintana cabalgando entre cabezas

 

 

1- Preludio para esta octava

De lo sacro a lo profano, de lo descriptivo a lo simbólico, entre lo divino y lo mundano, la evolución pictórica de Carlos Quintana conserva un hálito indagador que es posible descifrar siguiendo las señales reveladoras de su interés por el hombre y sus circunstancias. Como electrón libre al que no le gusta que encasillen en escuela o tendencia alguna mientras aborrece las etiquetas se vale de los vericuetos del expresionismo como estrategia discursiva. Bajo la égida de los conflictos humanos y una paulatina simbiosis entre los componentes que asumen la inserción de un lenguaje en el que prevalecen los valores semánticos por encima de la representación, Quintana pinta. Espontáneo, trasgresor, intuitivo, entrega una obra en perfecta sincronía con su personalidad. Las transiciones formales y conceptuales experimentadas durante se quehacer han marcado madurez y redefinición de un estilo inequívoco y distintivo que termina delatándolo, al punto de ser una perdida de tiempo la firma en sus obras, pues no puede ser otro que el mismo, el que difumina con maestría el color usando trasparencias y veladuras perneadas por el dinamismo de la vida moderna. Con el bien fundado título de 8cho este creador aúna una serie de 8 lienzos de gran formato y una original instalación a base de caoba y de cerámica policromada que funciona como una extensión tridimensional de algunas de las telas. ¿Por qué titular 8cho a la muestra? Bueno, además de estar integrada por 8 cuadros, el ocho es un número que encierra en si varias razones. Es el número de Obbatalá, oricha mayor yoruba y muy relacionado con la obra de Carlos, pues este según los patakines o leyendas es el dueño de las cabezas que tanto apreciamos en sus piezas. El 8 es el número atómico de oxigeno sin el que sería imposible la vida, es la cantidad de patas de los arácnidos, la cantidad de casillas de cada lado del tablero del ajedrez y el todo o nada que implica la bola negra del billar americano. También representa los cuatro elementos y su proyección cósmica. En China es considerado un número de suerte tanto que la Olimpiada celebrada en la nación asiática a la que Quintana asistió se inauguró a las 8 horas, del día 8, del mes 8 del año 8 del presente milenio. ¿Cuál de estas le habrá servido de pretexto al artista para el título? Quizás ninguna, o tal ves todas, solo él lo sabe y créanme que el título contribuye también a la función de perturbar y provocar al público como el arte mismo. El espectador tendrá la posibilidad de asirse a cualquiera, a la que más se ajuste a su propia subjetividad y considere guarde mayor analogía con la obra de Quintana. Mientras tanto ahí les van algunas razones para apreciar a 8 ojos, 8cho.

 

2- La mística de lo animal

En sus lienzos galopan o simplemente permanecen inertes cuadrúpedos, más bien caballos que funciona como símbolos de libertad de sus más íntimas necesidades expresivas o quizás como autorretratos o peculiares representaciones de si mismo. El caballo es sin dudas uno de los motivos más recurrentes de la historia del arte, su deliciosa   anatomía ha sido captada desde los rupestres trazos de la cueva de Lascaux en Francia hasta por el maestro del barroco Caravaggio, los de Carlos, aunque relinchen con voz propia, me recuerdan a los del expresionista alemán Franz Marc. Como los antiguos chamanes, Quintana confía en mutarse, al menos en el instante de las pinceladas sobre el lienzo, en mirada animal genuina, no en un acto de imaginación humana respecto a lo animal, al parecer se hunde en el alma de este para adivinar su círculo visual. En los antiguos rituales chamánicos antes de los vuelos místicos del sacerdote, se sacrificaba un caballo. Se  liberaba al equino de su cuerpo pesado para que su alma pudiera  volar ágil en pos de las cumbres de la bóveda. El caballo-espíritu se convertía entonces en la montura del alma del chamán. Y le permitía al sacerdote chamánico ascender hasta el cielo del azul profundo o descender también hasta los recovecos del infierno. Pero la cultura del mito entendió que el destino superior del caballo no es sólo recorrer toda la tierra sino remontarse hasta la impalpable cima celeste. De toda esta mística está impregnada la obra  de Carlos. Sus faunas representaciones conservan también el aura arcaica de las pinturas prehistóricos donde el animal pintado era acaso el talismán de pintores-magos para asegurar una exitosa cacería. Plasma mediante sus animales sentimientos humanos o incluso a sí mismo. Quizá encuentre en ellos los valores primordiales que cree perdidos en el deshumanizado entorno social que nos ha tocado compartir.

 

3- Personajes, protagonistas, intérpretes: galería de cuerpos y rostros

No son solo caballos y venados los que respiran en esta selección, también emergen figuras humanas. Un tanto desconcertantes por su inusitada androginia, ¿humanos o mutantes?, causa y efecto… se alternan, confluyen, se integran y se diluyen en la poética de Quintana. Vienen a nosotros como representantes-resúmenes de lo vivido por su creador, como fragmentos de su anecdotario, como la historia del mundo contada por sus protagonistas. También aquí, en ocasiones y sin proponérselo emerge autorretratado en medio de la galería de rostros y cuerpos que reflejan un alto grado de espontaneidad. ¿Qué son los personajes creados si no reflejos de uno mismo? Aunque quizá no estén diseñados a nuestra imagen y semejanza siempre en cada unos de ellos va un trozo de nuestra piel y más en los de Carlos, quien se mueve entre la carne y el espíritu.  Algunos de sus seres son también acreedores de una solapada hibridación, cual jinetes que confunden su piel con las de los animales a quienes dominan se nos revelan, quizá como peculiares centauros. Ha hecho de sus lienzos un sui generis espacio propicio para convivencia de todos sus espíritus, quienes flotan en confusas atmósferas, en soledad o en conjunto, arrodillados o erguidos, clavando siempre sus pupilas en nuestras retinas aunque en ocasiones nos guiñen y persistan en desviarnos la mirada. Como buen expresionista dota a sus individuos de una extraña ambigüedad que los hace aun mucho más sugestivos. Nos entrega rostros herméticos con perpetuas y seguras expresiones, pieles y disímiles posiciones que nos revelan que el desnudo es otra forma de vestir al cuerpo. Nada ni nadie quedan exentos ante la fuerza expresiva y seducción que emanan sus personajes, ni siquiera aquellos que sean incapaces de interpretarlos.

  

4- De trazos, pinceladas y otras travesuras mentales sobre el lienzo

Quintana se esconde y se divierte en el lienzo, la cerámica o cualquier otro soporte. De eso no cabe la menor duda. En grandes formatos sus telas nos revelan que no soporta la obviedad del arte ni el barroquismo. Su pintura, un tanto abocetada, de trazos rápidos y frescos, nos conduce al delirio de lo inmediato. En función de provocar, de mostrar una visualidad un tanto agresiva y provocadora emplea líneas libres. Llega a la verdadera figura mediante la simplicidad y el desenfado del trazo, la energía del gesto pictórico y la hábil manipulación del espacio. Esculpe sombras y contornos del mismo modo que ha encontrado en el dibujo la base sobre la cual edificar su obra; una obra expresionista, simbólica, recontextualizadora y hasta surrealista, que desde hace tiempo se expandió más allá de la bidimensionalidad para continuar referenciando temas sublimes o cotidianos, pero siempre enfática en los conflictos humanos, y portadora de una gran fuerza dramática y sensual. Sus técnicas mixtas realizadas en base a trabajos en carboncillo, grafito, acrílico, óleo… poseen la fuerza y la versatilidad técnica hasta alcanzar su más cabal definición. Sus cualidades armónicas mantienen el equilibrio de la composición. Y es entonces cuando el espectador se siente conmocionado ante una obra que emite una vibración tan vital. El uso deliberado del dripping y en ocasiones de la mala pintura ayudan a enfatizar el drama de las piezas suscitados en un inicio por la lúgubre sensualidad del trazo. Su forma de ataque pictórico al lienzo nos recuerda a un atormentado Jackson Pollock con su método de goteo y vertido mientras que se empeña en no reproducir lo visible, sino en hacer perceptible lo que no siempre lo es.

 

5- Temáticas… Arte es lo que el artista llama arte

Alguien una vez dijo que cada creador maneja dos o tres temáticas recurrentes a lo largo y ancho de su trayectoria. En el caso de Quintana pudiéramos afirmar que sin dudarlo un instante que es el ser humano el vórtice de su discurso ideoestético. Fiel a la idea de que el arte más grande te devuelve siempre a la vulnerabilidad de la situación humana, su obra es una constante reflexión sobre la fragilidad del ser. De indudable vocación antropológica, al abordar temáticas referentes o alegóricas al hombre en sus disímiles aristas y facetas huye de los clichés de la pintura insular. Le interesan las cabezas, más que los rostros y los rasgos que los componen, quizá sea la parte de la anatomía humana a la que le conceda un rol más preponderante, o tal vez se deje arrastrar por sus creencias religiosas yorubas en la que Obbatalá, su oricha de cabecera, es el dueño y señor de todas. Sus creaciones pudieron ser obra de un artista de cualquier punto del planeta, están permeadas de la alquimia que obsequian las influencias ancestrales y universales. Carlos es un amante de la belleza, de eso tampoco hay dudas, incluso de la belleza de lo intrascendente, sublimiza lo que ha simple vista, sin ser captado por su pincel, parecería un tema nulo o vacío. He ahí la maestría del verdadero artista, o más bien lo que distingue a un creador de un humano común y corriente, la capacidad de dotar relevancia a lo que otros carentes de sensibilidad e intuición son incapaces de descifrar y admitir. En ocasiones emplea lo popular como asidero estético y lo cubano como estado de ánimo. Pues de vez en vez aparecen algunos íconos que nos ubican en el arte cubano, solo unos pocos, lo que llega a definir a su obra como cubana y a la vez la redimensiona internacionalmente. Como los expresionistas de siempre, Quintana busca dar expresión a los impulsos interiores en todas sus formas. Así como ellos manifestaban su vida interna a través de sus obras, el también intenta provocar reacciones personales en el espectador y despertar sus emociones por medio de la representación de la esencia escondida detrás de la apariencia de las cosas. Para ello se vale del simbolismo psicológico de los colores, y de temas relacionados con su propia subjetividad.

 

6- El color, esa sustancia que mancha y distingue a un átomo de otro

¿Qué sería de la expresión si el color no estuviera siempre cerca de ella para socorrerle? El color necesita de la luz y de la visión, pero no puede ser tocado. Se dice que la forma es un medio de comunicación más eficaz que el color, pero es incapaz de lograr el impacto expresivo de este último. Está más que claro de que Quintana no encaja en las medias tintas. Su intenso grafismo lo conduce a un extremo o al otro, en el medio nunca. Parece que combina sus colores al azar, aunque no creo que ese sea su modus operandi. Lo mismo encontramos un azul, que un rojo que un naranja, parece que el color no es lo que más le preocupa aunque este dota a sus creaciones de una fuerza expresiva contundente. Sus lienzos, algunos coloristas y otros no tanto por ser la impronta de dibujante la que más late, conservan la frescura que se escapa del abigarramiento formal y respiran con calma en una sutil y armónica relación entre figura y fondo, aunque estos estén coloreados con disímiles matices y gamas cromáticas contrastantes. Emplea los colores de la tierra, distintos sienas, ocres y por supuesto, el negro, del que nos ha enseñado que no es solo un valor plástico en la paleta de cualquier artista, sino un vigoroso color capaz de ofrecer matices y efectos cada vez más insospechados en dependencia de la ingenuidad o alevosía con que sea utilizado. Sombras (luces que se esconden) también coexisten con atmósferas multicolores en las que se funden distintas áreas cromáticas con sus modificaciones y degradaciones. Creo que su talismán es el sortilegio que logra con los ocres, negros y grises.

 

7-¿Provocar o no provocar? He ahí la cuestión

Entre las tantas funciones de la obra artística la de provocar constituye una de las más importantes. Perturbar, incitar a la reflexión, comunicar… son indispensables para la efectividad del arte. Quintana, con la herejía a cuestas y el desenfado que le caracteriza y repercute en su obra, desafía al espectador planteándole enigmas y suscitándole interrogantes constantemente. Nos conduce a la duda con sus figuraciones y abstracciones que cohabitan en cada trozo de tela. También se apoya en los títulos con que las bautiza para confundirnos o quizás para guiarnos por su universo pertrecho de alegorías, estos juegan un distintivo papel en la interpretación y también, ¿por qué no? en la confusión. El arte de Carlos erupciona con mayor efervescencia cuando le urge la necesidad interior de ligarse con el manantial de toda la materia que vibra, como a la salamandra le apremia el vivir dentro del fuego.

 

8- Consumatum est

Cuando me enfrento a obras como las de Quintana pienso que el arte está hecho para ser sentido y no comprendido por eso cuando se discursa sobre el desde la razón no se dicen más que tonterías. En sus piezas hay pocas repuestas, a cada mirada aparecen más interrogantes. Solo nos queda dejarnos llevar por sus senderos de creación en los que el arte es aquella mentira que nos acerca a la verdad, o que nos la devuelve mutada a golpe de trazos.

                                                                   Cecilia Crespo